Es por todos sabido que Adrian Newey es una de las figuras clave, no solo de la actual escudería Red Bull o equipos míticos como el Williams de mitad de los 90’ y el McLaren de final de siglo, sino también como uno de los diseñadores claves en la historia de la F1, que con sus creaciones ha sido capaz de marcar el rumbo de la F1 en las últimas décadas imprimiendo su huella en coches dominadores como el RB18 de 2022, que tras un accidentado comienzo se ha impuesto con autoridad en una temporada de cambio generacional en la categoría.

    Anticiparse al porpoising

    De este modo, una de las claves por las que el coche de Verstappen y Pérez fue imparable en los primeros días de 2022, fue el bajo nivel de porpoising que padeció su monoplaza en comparación con sus rivales, lo que aportaba una velocidad punta visiblemente mayor.

    Hecho que a la postre fue determinante como así lo explica Newey, y que no fue fruto de la casualidad: “Estudié aerodinámica de efecto suelo y mi último proyecto durante mis estudios fue su aplicación en coches de competición”, explica el ingeniero sobre sus días de estudiante y sobre una valiosa experiencia que le permitiría constatar las consecuencias del efecto suelo de primera mano:

    Estaba buscando una práctica y escribí a los equipos que compitieron en 1980. La mayoría no respondió, pero Harvey Postlethwaite, que trabajaba en Fittipaldi en ese momento, me ofreció un trabajo como aprendiz en su departamento de aerodinámica”, recuerda Newey sobre los días en que el efecto suelo apreció con fuerza en el gran circo y marcó la tendencia en cuanto a desarrollo de monoplazas hasta 1983, después del fallecimiento de Giles Villeneuve.

    Era posible predecirlo

    Así, Adrian reflexiona sobre la importancia de este pequeño trabajo de aprendiz en su experiencia previa con el efecto suelo: “Adiviné lo que nos esperaba. A lo sumo, me sorprendió la extensión”. Sin embargo, al mismo tiempo Newey afirma que no hay excusas para justificar el imprevisible fenómeno con el que todos se encontraron en Barcelona, en la primera prueba real de estos coches:

    Pero en realidad, todos deberían haberlo sabido, es un fenómeno que está en los genes de estos coches. Había formas de predecirlo y lo manejamos relativamente rápido”, dispone el británico para quien desde un primer momento era lógico que este suceso se produjese, algo que nadie más supo ver como él.

    En consecuencia, desde el primer GP el Red Bull se mostró mucho más estable y rápido, algo que tras la desaparición de los fallos de fiabilidad jugó a su favor para dejarles en solitario en la carrera hasta el título: “Con nuestra actualización en el último día de la prueba de Bahréin, lo contuvimos hasta el punto en que no fue un gran problema”, finaliza Adrian Newey.

    Fuente: www.caranddriver.com