La historia de Max Verstappen en la F1 está repleta de situaciones inéditas y récords históricos como el del debut más joven en la categoría a los 17 años, la victoria a menor edad, y en su primera carrera con el equipo Red Bull, o un primer campeonato del mundo no precoz, pero sí de los más agónicos y que por tanto ya forma parte de los libros de historia de la categoría.

    Ahora el piloto de los Países Bajos rememora como fue su peculiar estreno con el equipo de Horner, en un Gran Premio de España de 2016 para el recuerdo donde más allá del debut de Verstappen con Red Bull sucedió lo impensable, cuando Rosberg y Hamilton chocaron y abandonaron en la primera vuelta, sirviendo una posibilidad al resto de competidores y que Max fue capaz de aprovechar mejor que nadie para conquistar su primera victoria en F1 con tan solo 18 años.

    Inmensa presión detrás

    Sin embargo, Verstappen ha reconocido que tras aquella victoria, quedan enmascarados muchos quebraderos de cabeza y tensiones con las que tuvo que lidiar el piloto de 18 años, que de la noche a la mañana pasó de ser piloto de Toro Rosso a subirse al Red Bull: “Llegar a esa semana fue una locura”, reconoce el ahora bicampeón del mundo, que llevó a cabo una preparación intensiva de lo más inusual:

    Tuve que viajar mucho. Tuve que ir a Milton Keynes en el simulador y aprender [sobre] el nuevo equipo, aprender todos los procedimientos”, recuerda Verstappen, sobre una preparación exprés, al estilo de la que recientemente han llevado acabo otros pilotos como Nyck de Vries o Nico Hülkenberg, para cubrir bajas por enfermedad de pilotos titulares.

    En el ojo del huracán

    De esta forma, para Verstappen su meteórico ascenso a Red Bull fue a partes iguales una condena y una bendición, como así valora el neerlandés: “Había mucha presión involucrada”, establece el piloto de 25 años, que fue intercambiado repentinamente por Daniil Kvyat para ocupar uno de los asientos más deseados de la parrilla, con tan solo un año de experiencia en F1.

    A este cúmulo de presión hay que sumar la polémica inherente que conllevó la radical decisión de Horner y compañía y que dejaba al joven Max en una posición delicada: “Era un poco como si algunas personas no estuvieran contentas con la decisión de que ascendiese; [pensaban] que era joven, demasiado inexperto. Así que muchas cosas se estaban juntando. Nunca antes había conducido el coche”, sitúa el neerlandés, que ahora en retrospectiva hace un balance satisfactorio de aquel debut: “Ahora, echando la vista atrás, por supuesto, fue un fin de semana increíble”, dispone Max Verstappen para finalizar.

    Fuente: www.caranddriver.com