El apellido Schumacher es sinónimo de Fórmula 1. La saga continúa y va para largo. Mick sigue el legado del apellido que conquistó siete títulos mundiales entre la década de 1990 y los 2000 con Benetton y Ferrari. Diez años después de que Michael Schumacher se retirara por completo de la competición, Mick, actual piloto de Haas, estuvo en el circuito de Fiorano con RM Sotheby’s, una compañía de venta de coches de lujo, para promocionar la salida a subasta del Ferrari F2003-GA con el que Michael cosechó cinco victorias (España, Austria, Canadá, Italia y Estados Unidos),cercano a los 950 CV de potencia que estaban proporcionados por un motor V10 capaz de alcanzar las 19.000 revoluciones por minuto. Ahí se sinceró explicando entre muchas cosas las diferencias de ambas época y cómo ha cambiado un F1 de esta década con la de su padre.

    De padre a hijo, un legado donde corre F1 por las venas

    En un vídeo colgado en el canal de YouTube de la empresa canadiense, Mick Schumacher se sinceró sobre lo que era esa época de dominio de su padre en la Fórmula 1 con Ferrari y, después de probar el coche. “Es impresionante poder conducir este coche, no solo el chasis, sino en general el monoplaza. Es uno de los más exitosos que han existido, y te lleva directo a pilotar en los años 2002, 2003 y 2004. Siempre es un placer para mí este deporte poder conducir este coche“, relató el germano.

    Añade que características tiene el monoplaza: “Es ligero, es muy manejable en las frenadas y reduciendo la velocidad. Simplemente es un placer pilotarlo si tienes un V10 en la espalda gritando y es muy divertido, aunque también tiene una parte triste, que solo se puede conducir aquí en Fiorano, porque me encantaría llevarlo a una pista más grande“, continuó el de Haas.

    En la época en la que su padre infundía su dominio en los trazados, no era raro ver a Mick Schumacher en el paddock, pero él, por su corta edad, no se acuerda. “No recuerdo mucho para ser sincero, solo algunas cosas que ahora veo y me hubiera gustado recordarlas más, porque creo que fue la cima de nuestro deporte, y es cuando los coches sonaban más alto y se pilotaban mejor. Además, las rivalidades eran excepcionales, y me hubiera gustado haber competido en aquella era. Estos monoplazas pertenecen a los circuitos, no a los museos para verlos. Deben ser pilotados y ahora este ya casi tiene 20 años, pero se conduce como en el primer día, y se debe tener cuidado con él”, comentó el alemán“, añade.

    Además, dio unas pequeñas anotaciones de cómo debía ponerse a los mandos del Ferrari de hace casi dos décadas: “Debo ser suave y darme cuenta de que es una señora mayor que hay que tratar con mimo, tomárselo con calma y disfrutar del viaje. La principal diferencia es el peso, te impresiona la sensación de cómo de rápidos son en las curvas de baja velocidad. No tanto en los giros de más velocidad, pero incluso ahí se notan bien, además de que la aerodinámica era impresionante en esa época“, agregó.

    Dice que hay muchas cosas distintas pero que siempre puede encontrar similitudes. “Es muy diferente, pero tienen algunas cosas parecidas que se pueden usar para estabilizar el monoplaza. Antes tenías control de tracción y todo eso, pero al final el piloto era el que marcaba la diferencia, y eso era lo bueno de esos tiempos“, manifiesta.

    Y recuerda el sonido de los pasados V10, que ponían la carne de gallina a quienes se acercaban a los circuitos. “Me encanta el sonido que tiene este coche, y ha sido muy bueno volverlo a escuchar en pista en comparación con los de la era turbo, pero ahí es a donde vamos en la actualidad. En mi mente sigo con la esperanza de que podamos volver a los V10 algún día”, concluyó.

    Fuente: www.caranddriver.com