Christian Horner, Helmut Marko y Adrian Newey son la cara del éxito de la empresa Red Bull en el competitivo mundo de la Fórmula 1, y es que a pesar de la corta vida del equipo bajo la gerencia de la marca de las bebidas, la escudería Red Bull ya cuenta con varios campeonatos de constructores y pilotos, habiendo dominado hace no mucho una era de la F1 –la que abarcó las temporadas entre 2009 y 2013–, de la mano de Renault como suministrador de motores, en lo que fue una fructífera asociación que terminó abruptamente en 2018 y sobre la que ahora reflexiona el propio Newey.

    Grandes éxitos, pero pasajeros

    Los campeonatos de 2010 a 2013 fueron todos con el Renault V8. Tuvimos una gran relación con los ingenieros de Renault”, introduce el ingeniero y diseñador de los monoplazas, que recuerda cómo era el trabajo con la marca francesa en los años en que Vettel dominó la F1:

    Creo que es justo decir que no tenían el V8 más potente, pero fue un producto que adaptaron a nuestro coche. Teníamos algunos requisitos particulares, especialmente en la forma en que usamos el escape, y Renault hizo todo lo posible para maximizar lo que necesitábamos del motor”, asienta Adrian Newey, reconociendo cómo pese a la carencia de potencia, Red Bull disponía de un motor adecuado a sus monoplazas, algo que con el paso de los años dejó de suceder y a lo que la escudería austriaca siempre ha aspirado en su receta del éxito.

    De este modo, el ingeniero de 61 años prosigue recordando los años en que la relación comenzó a hacer aguas, una vez los éxitos de la marca quedaron atrás, con unas nuevas regulaciones: “Luego entramos en la era híbrida y Renault en el primer año [no] interpretó las regulaciones tan bien como Mercedes, por lo que estábamos bastante atrasados”, sostiene el británico quien a pesar de la decepción que supuso 2014, se tomó con filosofía el error de concepto de los franceses:

    En el primer año, aceptas que todos cometemos errores: chasis, motor, nuevas regulaciones: puedes hacerlo bien, puedes hacerlo mal. Se equivocaron”, indica Newey asumiendo el fallo inicial como natural, ante lo que acabó siendo el principio de algo mucho más serio.

    Punto de no retorno

    De este modo, Adrian repasa con contundencia los puntos más débiles de la unión con la marca del rombo, la cual solo fue a peor desde aquel momento: “Cuando el motor que arrancó en 2015 parecía, en todo caso, peor que el motor de 2014, fue un momento bastante desilusionante y luego te das cuenta de que en tu futuro previsible, si haces un trabajo espectacular, podrías obtener alguna que otra victoria aquí o allí, pero nunca vas a ganar un campeonato”, dispone el diseñador de Red Bull, cuya insatisfacción respecto a la entrega de Renault en aquellos años ya ha repasado en anteriores ocasiones, reconociendo que en algunos momentos estuvo tentado de poner rumbo a Ferrari, al sentir que en varias temporadas de la era híbrida, Red Bull contó con el monoplaza con mejor chasis.

    Así que eso fue un reinicio, que creo que todos tuvimos que aceptar, particularmente después de ese período de dominar la segunda mitad de 2009 y los cuatro campeonatos posteriores, que esta no iba a ser nuestra realidad en el futuro previsible”, finaliza Adrian Newey, a propósito de una asociación que más allá de algunas victorias por temporada no permitió a Red Bull luchar contra Mercedes o Ferrari, y que finalmente se tradujo en la aparatosa disolución de 2018, avivada con el conflicto entre Horner y Abiteboul.

    Fuente: www.caranddriver.com